La vida. Si es una gran palabra pero una gran autopista por la que se paga un peaje muy caro y solo son bonitos muy cortos tramos. El resto son lineas discontinuas, a veces más marcadas y a veces ni se ven ni siquiera las intuyes.
El corazón, esa pequeña cosita que late dentro de todos nosotros (queramos, o no...), es al que le toca sentir o pasar como de puntillas por ciertas cosas ante esa palabra "la vida".
¡Que incierto e inestable se siente ese corazón!.
No hace apenas un mes, a la vuelta de un fugaz viaje, me sentía la persona más feliz del mundo...o mejor dicho la que al fin había conseguido aquello que tanto había deseado, aquello tan preciado como era el amor, la consideración y la complicidad de quien más quieres en este mundo.
Por unos días olvide que para esa persona existía alguien bastante más importante que tú y se llega a creer que todo era producto de algún fallo tuyo y que eso que leías en sus cosas tan a menudo..."lo que más quiero" era solo producto de unos años de tonto distanciamiento por una u otra causa sin mayor importancia.
¡Nooo... es la cruda realidad!
¿Por qué?...No lo sé.
Eso me lo pregunto cada mañana cuando me suena el despertador y es mi primer pensamiento, cuando hago una llamada con el corazón lleno de esperanza de una sonrisa al otro lado del teléfono y resulta que has metido la pata por que importunas en ese momento, por que no estas acertada ante un comentario, por que todo se ha olvidado...en una palabra. Todo fué una ilusión, una quimera...
Queda eso si, seguir soñando con que llegue de verdad ese día en que solo haya una linea continua, pero no en un monitor sino con un corazón latiendo.
La vida es muy corta, demasiado corta..¡Ojala y haya tiempo para ello!
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